miércoles, 1 de marzo de 2017

Marketing del producto

Hasta el momento nos hemos introducido ligeramente dentro del mundo del marketing a través de dos temas muy comentados actualmente: por una parte, las redes sociales como gran mercado influyente y, por otra, el neuromarketing como ciencia o estudio del comportamiento del comprador. Si bien a priori no parecen temas que aparezcan unidos, podemos encontrar una relación fundamental entre ambos. Mientras que las redes sociales son un medio para acceder a un mercado de gran amplitud,  el neuromarketing propone estrategias para atraer a las personas que conforman los mercados (entre ellos el de las redes sociales). Ahora bien, ¿qué elemento fundamental del marketing nos falta en nuestra pequeña relación? Efectivamente, el producto, es decir, la razón fundamental por la que trataremos, como empresas, de entrar en un mercado y de promocionar a través de variedad de estrategias.

Si bien es cierto que la elección del producto no es tarea fácil y necesita de diversos estudios, investigaciones y un largo periodo de meditación, una vez elegido debemos saber cómo sacarle el mayor partido. ¿Por qué? Principalmente porque a día de hoy se ofertan todo tipo de ideas y el mercado es altamente competitivo, repleto de usuarios y clientes cuyo objetivo es la demanda de algo diferente, único, original y, en la medida de lo posible, algo nunca antes visto.




¿Quiero decir con ello que debemos vender un producto nunca antes visto? No exactamente. Con ello lo que quiero trasmitir es la siguiente idea: Además de elegir un buen producto, debemos sacarlo a la luz de manera única y original pues es, a través de campañas, descripciones, imágenes, vídeos, eventos y actividades, como realmente conseguimos fijar la atención de los consumidores hacia nuestro futuro producto. En definitiva, la autenticidad no debe radicar únicamente en el producto, sino en todo aquello que viene tanto antes como después de él.

Anuncios televisivos, campañas solidarias, la posibilidad de probar el producto antes de comprarlo o la participación en eventos culturales, deportivos y de ocio son algunas de las ideas que, en mi opinión, deberían considerarse para promocionar el producto. Ahora, si bien es verdad que todo ello lanza el producto, no debemos olvidar el efecto que tiene sobre nuestra marca, pues la dotan de personalidad. 

Y es que, en efecto, la marca a la que representa nuestro producto debe tener su propio tono de voz, su manera única de comunicarse y debe quedar claramente definidas tanto su misión como su visión.

Si se consigue todo este cúmulo de ideas, los potenciales clientes sabrán quién vende el producto, podrán decidir si comparten su filosofía, si se sienten identificados a la marca, si les hace sentir algún tipo de emoción.

En definitiva, cuando nos llegue el momento de lanzar un producto, no debemos centrarnos solo en la utilidad del producto, sino en sacarle el mejor partido, darlo a conocer y ofrecer a los demás la posibilidad de sentirse identificados con él.


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