domingo, 12 de marzo de 2017

Valor del producto vs. Coste del producto

Como ya viene siendo costumbre en cada una de las entradas, lo primero a destacar será todo aquello que, hasta el momento, podemos ir extrayendo de cada una de las publicaciones pasadas. Así, daremos paso al tema que se irá desarrollando en las siguientes líneas, el precio, que si bien no parece un tema atractivo, no me ocurre un factor del marketing que más se “meta” e influya en nuestras vidas.


Primeramente pudimos afirmar que todo aquel dedicado al marketing tenía la capacidad de poder beneficiarse de un mercado tan extenso como son todas las personas activas en alguna red social y, de ese modo, meterse de lleno en la vida de los posibles consumidores. Seguidamente, se detallaron estrategias de marketing utilizadas ya no a través de internet, sino en nuestro día a día, en cada establecimiento de compra por el que nos paseamos. Con ello, se pudieron especificar dos situaciones en las que el marketing aparece en nuestra vida. Por último, se hizo mención de aquello que da razón de ser al marketing, el producto. Ahora bien, no hemos hablado del producto como bien físico de utilidad o servicio, sino de todos aquellos eventos y actividades que han unido nuestra vida a la de ese producto.


 ¿Qué más nos falta? ¿Qué tema no hemos tocado y condiciona, en último lugar, todas nuestras decisiones de compra? El precio.

Podemos decir que el precio es una de las cuatro variables fundamentales que conforman las cuatro “p” de marketing mix. Es el elemento que más poder tiene sobre el consumidor pues, a mi modo de ver, es el que condiciona, en última instancia, nuestra decisión de compra. Además, no podemos olvidar que el precio será la principal fuente de ingresos de la empresa que, como toda entidad con fin de lucro, es uno de los objetivos a conseguir mediante la venta del producto o servicio al que aplicamos el marketing.



¿Qué debemos tener en cuenta a la hora de fijar los precios? En primer lugar, si bien la empresa tratará de maximizar su beneficio y ser rentable, debemos tener presente que el precio también le aporta valor al cliente. ¿Qué quiere decir ello? Básicamente que la percepción que va a tener el cliente sobre el producto va a venir condicionada por el precio que se fije. Así, a modo de ejemplo, no es lo mismo una blusa cuyo precio es de 10 euros que una blusa cuyo precio es de 20 euros. Si bien ambas pueden ser exactamente iguales, la blusa cuyo precio es mayor va a parecer de mejor calidad, pues tratamos  de buscar una explicación racional al precio.

 Sin embargo, lo que el consumidor no tiene en cuenta es que los precios ya no se establecen simplemente en base a la calidad del producto, añadiendo un pequeño ingreso marginal a su coste, sino que es producto de muchos otros factores tales como la popularidad de la marca que lo fabrica o las personas que llevan el producto cara al público (pues no valdrán lo mismo las zapatillas de fútbol que usa Cristiano Ronaldo que otras zapatillas que, si bien son de la misma marca, no las utiliza un futbolista tan conocido).

En una de las clases de economía de la universidad, los alumnos pudimos acudir a una breve presentación que nos hizo uno de los directores del grupo Pepe Jeans en España. En ella, el hombre nos preguntó cuánto creíamos que les costaba producir una chaqueta que, al mercado, salía por 60 euros. Todos quedamos sorprendidos, pues realmente se producía a un coste bastante inferior a 60 euros, aproximadamente unos 12 euros. Ahora bien, productos que les costaba ese mismo precio, se vendían incluso por más dinero que los 60 euros de antes. ¿Implica ello que el segundo producto tiene más calidad? No parece que sea el caso, si bien puede ser un factor que influya, sino que el consumidor, al asociar Pepe Jeans con una marca de calidad y prestigio, va a pagar, sin protesta alguna, ese precio pagando ya no solo la calidad, sino el nombre “Pepe Jeans” en la ropa que va a llevar los próximos días.


Por ello, a la hora de establecer los precios, el departamento de marketing encargado no va simplemente a estudiar el coste del producto, añadirle un coste marginal en función del beneficio que espere obtener y a sacarlo a la venta, sino que es un proceso más complejo que, si se estudia bien, puede llegar a sacarse una gran rentabilidad de esta variable manteniendo al consumidor igualmente satisfecho (a veces bajando el precio, otras subiéndolo un poco más de lo necesario). 

De este modo, comprador y consumidor llegarán a un acuerdo sobre el valor del bien, que es distinto al coste del bien y que debe estudiarse a fondo para poder sacarle a esta variable de gran envergadura, su máximo partido.

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